Aprender una vocación no solo consiste en desarrollar una habilidad, sino también en desarrollar quién eres. Crear una identidad social relacionada con lo que puedes hacer, no con lo que no puedes hacer. Para ello necesitamos dedicación y concentración.
El trabajo con propósito permite que las personas den forma al mundo común, que contribuyan de forma significativa a la comunidad, bien sea preparando la comida para sus compañeros o haciendo un banco para que nos podamos sentar en el jardín o cultivando en el huerto las verduras que luego comeremos. Esto les permite sentirse útiles para los demás, ganar autoestima y crecer como individuos a través del ejercicio de su profesión.
Según varios estudios realizados por el profesor Arthur C. Brooks de la Universidad de Harvard sobre felicidad en el trabajo indican que hay 2 elementos fundamentales para ello: el sentirse útil en el trabajo asociado a la gratitud de los miembros del equipo, y la sensación del trabajo bien hecho.
A través de El Círculo Índigo promovemos que las personas que forman parte de este proyecto se desarrollen a través de un trabajo con propósito y puedan decir: soy panadero, agricultor, cocinero, etc.
Además, los talleres que desarrollamos no solo tienen la parte laboral de la actividad, sino que tienen un trasfondo terapéutico que ayuda al bienestar de las personas. Todo está diseñado y pensado en función de las necesidades y capacidades de cada persona, siendo más indicado un taller u otro. Por ejemplo, en el taller textil, se trabaja la coordinación ojo-mano y las motricidad fina y gruesa, en el taller de velas, se trabaja la perseverancia y calma, etc.
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